martes, 17 de diciembre de 2013
Pudo haber vida solo 15 millones de años después del Big Bang
El astrofísico de la Universidad de Harvard Abraham Loeb ha llevado a cabo una investigación en la que se sugiere que 15 millones de años después del Big Bang el Universo habría tenido las condiciones adecuadas para la existencia de agua, un requisito para que la vida sea posible. "Todo el universo fue una vez una incubadora de vida", ha declarado a la revista 'Nature
En su trabajo, publicado en 'Arxiv.org', Loeb explica que, hoy en día, la temperatura del fondo cósmico de microondas, los restos del Big Bang, es muy fría (2,7ºKelvin), pero en sus inicios, el Universo habría estado más cerca de 300ºKelvin, lo que supone suficiente calor para sustentar vida si existiera un lugar propicio para que ésta apareciera.
En este sentido, el astrofísico ha señalado que en esa época es posible que existieran planetas rocosos en lugares donde la materia era excepcionalmente densa. Estas características propician la formación de estrellas masivas, de corta vida, que fueron enriqueciendo el cosmos de elementos pesados necesarios para la formación de estos planetas.
Sin embargo, este Universo que defiende Loeb apenas duraría 2 o 3 millones de años. En ese tiempo todos los planetas rocosos habrían sido capaces de mantener agua líquida, independientemente de su distancia con su estrella. "Al ser un espacio tan corto de tiempo la vida no pudo convertirse en un organismo complejo, así que estamos hablando solo de la presencia de microorganismos", ha explicado el científico.
'Nature' ha destacado que este trabajo desafía el principio antrópico, que establece que cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser consistente con la existencia del ser humano.
Sin embargo, durante la época habitable propuesta de Loeb, la materia era tan densa que incluso si la energía del vacío había sido un millón de veces más fuerte, no habría impedido la formación de estrellas y planetas rocosos y el surgimiento de la vida. Por lo tanto, dice Loeb, los partidarios del principio antrópico no pueden afirmar que el pequeño valor observado ahora es el único que pueda ser observado por los seres vivos.
El volumen de hielo marino del Ártico crece un 50% respecto al otoño 2012
El mar de hielo del Ártico medía, en octubre de 2013, unos 9.000 km cúbicos, lo que supone un 50% más que en 2012, cuando en ese mismo mes medía 6.000 kilómetros cúbicos. Son datos obtenidos por el satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) CryoSat.
Según ha apuntado la ESA en un comunicado, durante las últimas décadas los satélites han mostrado que el área de océano Ártico cubierta por el hielo se iba reduciendo. Sin embargo, el volumen actual de hielo marino era difícil de determinar debido a que se movía y su espesor podía cambiar.
El satélite CryoSat es capaz de medir el espesor del hielo marino en el Océano Ártico y ha permitido a los científicos, por primera vez, controlar el cambio de volumen general con precisión.
La ESA ha revelado que alrededor del 90% del aumento se debe a un crecimiento del hielo durante varios años. Así, el hielo ha sobrevivido sin derretirse más de un verano.
Entre el primer año de las mediciones (2010) y el segundo, el hielo solo creció un 10%, mientras que el promedio de aumento del hielo en los últimos cuatro años ha sido del 20% aproximadamente, o de unos 30 centímetros.
El Homo Sapiens mas antiguo de Europa
Los primeros 'sapiens' europeos llegaron a las frías tierras rusas hace unos 45.000 años. Fue en la región de Kostenski, a las orillas del río Don -a unos 350 kilómetros al sur de Moscú- donde estos humanos ya modernos, capaces de fabricar herramientas complejas, se asentaron tras un viaje de miles de años desde África, según revelan sendos estudios de paleoantropólogos rusos y estadounidenses publicados en la revista 'Science'. Para sostener su teoría, los científicos han datado con gran exactitud herramientas encontradas en estos yacimientos, que se extienden por más de 30 kilómetros a la orilla del río. Allí se excava sin cesar desde la década de los 50, y aunque la cantidad de restos humanos encontrados es muy escasa -principalmente, dientes sueltos- los paeontólogos sí han hallado multitud de restos que permiten denominar a estos humanos como "modernos", capaces de hacer tareas relativamente complejas, como coser pieles de animales para protegerse del frío.
Pistas sobre la formación de planetas en los que se podría asentar la vida
Un equipo de astrofísicos europeos ha detectado los restos de un
cuerpo rocoso rico en agua alrededor de una lejana enana blanca. El
hallazgo, el primero de este tipo fuera de nuestro sistema solar, ofrece
pistas sobre la formación de planetas en los que se podría asentar la
vida.
Gracias a las observaciones del telescopio espacial Hubble y el gran telescopio Keck de Hawái, científicos británicos y alemanes han analizado el polvo y los escombros que rodean a la enana blanca GD61, un remanente estelar situado a 170 años luz de distancia.
Los resultados, que publica la revista Science, revelan que los restos detectados son rocosos –con elementos como el hierro, silicio, magnesio o aluminio– y que contienen un exceso de oxígeno.
Esta firma química informa de que el material perteneció alguna vez a un cuerpo más grande originalmente compuesto por un 26% de agua. Esta cantidad es comparable a la que tienen algunos asteroides del cinturón principal en nuestro sistema solar. Por comparar, la Tierra solo tiene un 0,023% de agua.
“Estamos absolutamente seguros de que este oxígeno procede del agua, ya que conocemos bien este proceso químico en otras partes del universo, y con una probabilidad muy alta se trata de agua”, explica a SINC el autor principal, Jay Farihi, astrónomo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
Ya se había confirmado la presencia de agua fuera de nuestro sistema solar, por ejemplo en la atmósfera de planetas gigantes gaseosos, pero ahora se trata de la primera vez que se encuentra en cuerpos rocosos o restos de asteroide, por lo que es de gran interés para entender la formación y evolución de exoplanetas propicios para la vida.
Pudo pasar en nuestro sistema solar
“Lo más excitante de estos resultados es que hemos visto algo que podría haber ocurrido en nuestro sistema solar”, dice Farihi. “El hallazgo de agua en un asteroide de gran tamaño –unos 90 km de diámetro– implica que existen ‘bloques de construcción’ para formar exoplanetas habitables”.
En este caso los ‘bloques’ se han encontrado alrededor de GD61 pero, según los investigadores, podrían existir en torno a estrellas madre similares en otras partes del universo.
El estudio sugiere que el agua puede sobrevivir –posiblemente debajo de la superficie de un planeta– a las altas temperaturas que se generan en la evolución de una estrella como el Sol hacia las enanas blancas, y que quizá GD61 pudo haber tenido planetas como la Tierra orbitándola en el pasado.
Gracias a las observaciones del telescopio espacial Hubble y el gran telescopio Keck de Hawái, científicos británicos y alemanes han analizado el polvo y los escombros que rodean a la enana blanca GD61, un remanente estelar situado a 170 años luz de distancia.
Los resultados, que publica la revista Science, revelan que los restos detectados son rocosos –con elementos como el hierro, silicio, magnesio o aluminio– y que contienen un exceso de oxígeno.
Esta firma química informa de que el material perteneció alguna vez a un cuerpo más grande originalmente compuesto por un 26% de agua. Esta cantidad es comparable a la que tienen algunos asteroides del cinturón principal en nuestro sistema solar. Por comparar, la Tierra solo tiene un 0,023% de agua.
“Estamos absolutamente seguros de que este oxígeno procede del agua, ya que conocemos bien este proceso químico en otras partes del universo, y con una probabilidad muy alta se trata de agua”, explica a SINC el autor principal, Jay Farihi, astrónomo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
Ya se había confirmado la presencia de agua fuera de nuestro sistema solar, por ejemplo en la atmósfera de planetas gigantes gaseosos, pero ahora se trata de la primera vez que se encuentra en cuerpos rocosos o restos de asteroide, por lo que es de gran interés para entender la formación y evolución de exoplanetas propicios para la vida.
Pudo pasar en nuestro sistema solar
“Lo más excitante de estos resultados es que hemos visto algo que podría haber ocurrido en nuestro sistema solar”, dice Farihi. “El hallazgo de agua en un asteroide de gran tamaño –unos 90 km de diámetro– implica que existen ‘bloques de construcción’ para formar exoplanetas habitables”.
En este caso los ‘bloques’ se han encontrado alrededor de GD61 pero, según los investigadores, podrían existir en torno a estrellas madre similares en otras partes del universo.
El estudio sugiere que el agua puede sobrevivir –posiblemente debajo de la superficie de un planeta– a las altas temperaturas que se generan en la evolución de una estrella como el Sol hacia las enanas blancas, y que quizá GD61 pudo haber tenido planetas como la Tierra orbitándola en el pasado.
Un evento cósmico en la Edad de Hielo provocó un cambio climático en la Tierra
Científicos de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos) han determinado que "cerca del final de la Edad de Hielo" se produjo un evento cósmico que provocó un cambio climático que obligó a la vegetación y a los animales a adaptarse a un nuevo entorno.
Los expertos que han llevado a cabo este trabajo, publicado en PNAS, han estudiado la cueva Sheriden en Ohio, situada a 100 metros bajo la superficie, donde pueden observarse capas geológicas que datan de hace unos 13.000 años. Allí, se han encontrado evidencias que avalan la teoría de que se produjo un evento cósmico lo suficientemente cerca de la Tierra como para derretir la roca y producir fenómenos geológicos poco frecuentes.
Concretamente, los geólogos han hallado esférulas de carbono, que se forman cuando las sustancias se queman a temperaturas muy altas. Estos cuerpos presentan características que indican su origen, que puede ser la quema de carbón, la caída de rayos, incendios forestales o algo más extremo.
Para el autor principal del estudio, Kenneth Tankersley, las rocas que su equipo está estudiando "sólo podrían haber sido formadas por la combustión de roca".
Además, también ha destacado como "hallazgos importantes" de su equipo los micrometeoritos (pequeños trozos de meteoritos o partículas de polvo cósmico que se han puesto en contacto con la superficie de la Tierra); nanodiamantes (diamantes microscópicos que se forman cuando una fuente de carbono se somete a un impacto extremo, y que a menudo se encuentran en los cráteres de meteoritos); y Lonsdaleita (un tipo raro de diamante, también llamado un diamante hexagonal, que sólo se encuentran en zonas como cráteres de meteoritos).
El investigador cree que el evento cósmico que ocurrió hace unos 12.800 años tuvo un efecto "inmediato y mortal" y los efectos secundarios a largo plazo fueron "devastadores". A su juicio, un cometa que rozó la atmósfera de la Tierra o un asteroide que se estrelló contra su superficie causó una combustión a escala global. La explosión produjo un gas tóxico que nubló el cielo y causó que las temperaturas cayeran en picado.
Este clima puso en duda la existencia de poblaciones de plantas y animales y se produjo lo que Tankersley ha clasificado como "ganadores" y "perdedores". Para Tankersley, los seres vivos de este período tenían tres opciones: reubicarse en otro entorno donde podían ganarse la vida de forma similar; ajustar su estilo de vida para adaptarse al entorno actual o extinguirse rápidamente.
"Los 'ganadores' eligieron una de las dos primeras opciones, mientras que los 'perdedores', como el mamut lanudo, se decantaron por la última", ha explicado el experto. "Sea lo que fuese, no causó la extinción", dice Tankersley, quien ha añadido que, "más bien, esto sea probablemente el primer caso de cambio climático forzado".
La Vía Láctea se tambalea
Un equipo internacional de astrónomos del Instituto Leibniz de
Astrofísica de Potsdam (AIP) ha detectado que, además de la rotación
regular que presenta la Vía Láctea, también se producen pequeños
movimientos oscilantes, parecidos a los que hace una enorme bandera
ondeada por el viento. Los científicos ha indicado que las fuerzas que
provocan estos balanceos provienen de múltiples direcciones, creando un
patrón de onda caótica.
Con este estudio, publicado en 'Arxiv.org', los expertos querían investigar acerca de la velocidad radial (RAVE), para lo que realizaron un estudio de casi medio millón de estrellas en una región extensa y cercana alrededor del Sol -de unos 6.500 años luz por encima y por debajo de la posición del astro-.
Utilizar una clase especial de estrellas, estrellas rojas de agrupamiento, que tienen aproximadamente el mismo brillo, permite determinar de manera precisa sus distancias. Así, los patrones de movimiento obtenidos mostraron estructuras muy complejas.
El objetivo era entonces desentrañar estas estructuras, concentrándose en las diferencias entre el norte y el sur del plano galáctico. A partir de estas velocidades, se vio que la Vía Láctea es mucho más compleja de lo que se pensaba. Las velocidades que van hacia arriba y hacia abajo muestran que hay un comportamiento similar a ondas, con estrellas que chapotean dentro y fuera.
Ahora, los científicos tienen que enfrentarse al desafío de entender este comportamiento a partir de las ondas de la galaxia o de la estela de sus brazos espirales. En este sentido, los investigadores han determinado que este nuevo hallazgo permitirán hacer modelos 3D de la galaxia mucho más precisos.
Con este estudio, publicado en 'Arxiv.org', los expertos querían investigar acerca de la velocidad radial (RAVE), para lo que realizaron un estudio de casi medio millón de estrellas en una región extensa y cercana alrededor del Sol -de unos 6.500 años luz por encima y por debajo de la posición del astro-.
Utilizar una clase especial de estrellas, estrellas rojas de agrupamiento, que tienen aproximadamente el mismo brillo, permite determinar de manera precisa sus distancias. Así, los patrones de movimiento obtenidos mostraron estructuras muy complejas.
El objetivo era entonces desentrañar estas estructuras, concentrándose en las diferencias entre el norte y el sur del plano galáctico. A partir de estas velocidades, se vio que la Vía Láctea es mucho más compleja de lo que se pensaba. Las velocidades que van hacia arriba y hacia abajo muestran que hay un comportamiento similar a ondas, con estrellas que chapotean dentro y fuera.
Ahora, los científicos tienen que enfrentarse al desafío de entender este comportamiento a partir de las ondas de la galaxia o de la estela de sus brazos espirales. En este sentido, los investigadores han determinado que este nuevo hallazgo permitirán hacer modelos 3D de la galaxia mucho más precisos.
Marte albergó un lago de agua dulce perfecto para la vida
Los sedimentos examinados por el rover Curiosity en el cráter marciano Gale indican que hace más de 3.000 millones de años hubo un lago con elementos biológicos clave como carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno que proporcionarían las condiciones idóneas para la vida microbiana. Las investigaciones, en las que han participado científicos españoles, se publican en la revista Science.
Las muestras recogidas por el Curiosity prueban la existencia de un antiguo lago en la superficie de Marte, probablemente con agua dulce y con unas condiciones propicias para albergar vida, aunque fueran simples microbios. Así lo ha constatado el equipo de científicos de la misión Mars Science Laboratory (MSL) tras analizar los datos enviados por el rover de la NASA.
En las seis investigaciones, publicadas en la revista Science, los científicos han analizado sedimentos de roca procedentes de una zona denominada Yellowknife Bay en el cráter de Gale, cerca del ecuador marciano.
Este cráter de 150 kilómetros de ancho, lugar en el que aterrizó el Curiosity en 2012, fue la cuenca de un lago de hace 3.600 millones de años que pudo permanecer con agua durante cientos de millones de años, indican los investigadores.
Los resultados muestran que esta balsa de agua, probablemente dulce, estaba en calma y tenía elementos biológicos como carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y azufre, esenciales para que microbios simples, como los quimiolitoautótrofos –que obtienen energía de la oxidación de compuestos inorgánicos– pudieran vivir. En la Tierra, estos organismos habitan en cuevas, en fuentes hidrotermales y se alimentan descomponiendo rocas y minerales para obtener energía.
Encuentran gases nobles en el espacio
Un equipo de investigadores con participación del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC) ha encontrado la primera evidencia
de una molécula basada en el gas noble argón en la Nebulosa del
Cangrejo. El trabajo, que ha utilizado datos de infrarrojo del
observatorio espacial HERSCHEL, aparece publicado en último número de la
revista Science.
La Nebulosa del Cangrejo (Messier 1), ubicada en la Constelación de Tauro, a unos 6.500 años luz de la Tierra, tiene un diámetro de 11 años luz (casi 700.000 veces la distancia entre el Sol y la Tierra). Esta nebulosa es una estructura filamentosa y difusa formada tras la explosión de una supernova observada en el año 1054 por astrónomos chinos.
En el estudio realizado, los investigadores han detectado la emisión de hidrilo de argón (ArH+), un ión molecular que contiene el gas noble argón. Aunque ya se habían detectado átomos o iones de gases nobles, hasta ahora no se había encontrado ninguno de los compuestos moleculares basados en estos átomos gases nobles lo que, según los investigadores, parecía sugerir que estos elementos requieren un mayor tiempo de reacción en el espacio o que no se dan las condiciones para que se formen.
“Se supone que según las leyes de la Física y la Química, todos los elementos que conocemos en la Tierra son los mismos que podríamos encontrar en cualquier otra galaxia. Sin embargo, hasta ahora, había una clase de moléculas que no se habían encontrado, que son las que se componen de los llamados gases nobles. Este tipo de moléculas se habían producido en los laboratorios pero no se sabía si en el espacio existían condiciones adecuadas para su formación. Ahora sabemos que sí y este descubrimiento permitirá estudiar mucho más en detalle la interacción de las supernovas con el medio que las rodea, destaca José Cernicharo, investigador del CSIC en el Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial).
Para añadir complejidad, y al mismo tiempo sorpresa al descubrimiento, el isótopo de Argón detectado es el de masa 36 y no el de masa 40 que es el más abundante en nuestro planeta. Sin embargo, en la Tierra el 40Ar proviene de la desintegración del potasio, mientras que en el espacio el 36Ar es el más abundante y además en una supernova existe una producción importante de este isótopo.
La Nebulosa del Cangrejo (Messier 1), ubicada en la Constelación de Tauro, a unos 6.500 años luz de la Tierra, tiene un diámetro de 11 años luz (casi 700.000 veces la distancia entre el Sol y la Tierra). Esta nebulosa es una estructura filamentosa y difusa formada tras la explosión de una supernova observada en el año 1054 por astrónomos chinos.
En el estudio realizado, los investigadores han detectado la emisión de hidrilo de argón (ArH+), un ión molecular que contiene el gas noble argón. Aunque ya se habían detectado átomos o iones de gases nobles, hasta ahora no se había encontrado ninguno de los compuestos moleculares basados en estos átomos gases nobles lo que, según los investigadores, parecía sugerir que estos elementos requieren un mayor tiempo de reacción en el espacio o que no se dan las condiciones para que se formen.
“Se supone que según las leyes de la Física y la Química, todos los elementos que conocemos en la Tierra son los mismos que podríamos encontrar en cualquier otra galaxia. Sin embargo, hasta ahora, había una clase de moléculas que no se habían encontrado, que son las que se componen de los llamados gases nobles. Este tipo de moléculas se habían producido en los laboratorios pero no se sabía si en el espacio existían condiciones adecuadas para su formación. Ahora sabemos que sí y este descubrimiento permitirá estudiar mucho más en detalle la interacción de las supernovas con el medio que las rodea, destaca José Cernicharo, investigador del CSIC en el Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial).
Para añadir complejidad, y al mismo tiempo sorpresa al descubrimiento, el isótopo de Argón detectado es el de masa 36 y no el de masa 40 que es el más abundante en nuestro planeta. Sin embargo, en la Tierra el 40Ar proviene de la desintegración del potasio, mientras que en el espacio el 36Ar es el más abundante y además en una supernova existe una producción importante de este isótopo.
Gracias a una reciente investigación científica, dos nuevas especies de avispa han sido agregadas al raro género Abernessia, el cual ahora contiene un total de solo cuatro especies conocidas.
Se cree que las dos nuevas especies, Abernessia giga y Abernessia capixaba, son endémicas de Brasil, al igual que en general parecen serlo el resto de especies de este género.
Ambas avispas se distinguen por su gran tamaño (casi 3 centímetros de longitud) y por tener un llamativo color negro con un brillo metálico típico de todas las especies de esta familia.
El hallazgo y la descripción científica de estas dos nuevas especies son obra de Cecilia Waichert y James P. Pitts, ambos del Departamento de Biología de la Universidad Estatal de Utah en Estados Unidos.
El enigmático género Abernessia forma parte de la familia Pompilidae cuyos miembros a menudo son denominados "avispas de las arañas" debido a la tendencia que tienen a parasitar a estas últimas.
Las hembras de estas avispas atacan a su presa arácnida picándola con el aguijón e inyectándole un veneno paralizante, tras lo cual la llevan a su nido y allí depositan en el abdomen de la araña un único huevo. La larva de avispa crecerá nutriéndose de la araña.
Se cree que hay relación de causa-efecto entre el tamaño de la presa y el tamaño del individuo surgido del huevo de avispa. Los nacimientos de avispas de gran tamaño se producen en nidos que contienen presas de gran tamaño.
Indicios de la acción de corrientes oceánicas en una luna de Júpiter, Europa
En un hallazgo relevante para la búsqueda de vida en nuestro sistema
solar, unos investigadores han determinado que el océano bajo de la
superficie de Europa, un satélite de Júpiter, podría tener corrientes
profundas y patrones de circulación de las mismas capaces de transferir
el calor y la energía suficientes para sostener vida.
Muchos científicos creen que Europa es uno de los astros de nuestro sistema solar con más probabilidades de tener sitios con las condiciones ambientales que podrían sustentar la vida, una idea reforzada por las mediciones del magnetómetro de la sonda espacial Galileo, que detectó signos de un océano salado global debajo de la gruesa corteza de hielo de esa luna.
Sin la posibilidad de hacer mediciones directas del océano, los científicos tienen que confiar en los datos del magnetómetro y en las observaciones de la superficie helada de Europa para deducir las condiciones oceánicas bajo el hielo.
En astrogeología se llama Terreno Caótico o Terreno Chaos (por la expresión inglesa Chaos Terrain), a terrenos bien delimitados de superficies planetarias, caracterizados por un relieve caótico y por rasgos que denotan el carácter agrietado y quebradizo del terreno.
En la superficie de Europa, uno de los rasgos geológicos más prominentes lo constituyen sus Terrenos Caóticos, que en su caso son regiones de hielo quebrantado. Estos terrenos caóticos de Europa, que se concentran en su región ecuatorial, podrían ser el resultado de la convección en la corteza de hielo, un proceso acelerado por el calor del océano.
En un modelo numérico de la circulación oceánica de Europa, los autores del estudio, de la Universidad de Texas en Austin, del Instituto de Tecnología de Georgia, y del Instituto Max Planck para la investigación del Sistema Solar, las dos primeras instituciones en Estados Unidos y la última en Alemania, encontraron que las corrientes oceánicas cálidas y ascendentes cercanas al ecuador, en combinación con las corrientes frías y descendientes en latitudes cercanas a los polos podrían ser las responsables de la ubicación de los terrenos caóticos y otros rasgos de la superficie de Europa. Este patrón, junto con la turbulencia regional más vigorosa, intensifica la transferencia de calor cerca del ecuador, lo que podría ayudar a iniciar el proceso que conduce a los afloramientos de masas de hielo que crean rasgos tales como los terrenos caóticos.
Los procesos que Krista Soderlund, del Instituto de Geofísica dependiente de la Universidad de Texas en Austin, y sus colegas han estado analizando con modelos digitales de Europa, recuerdan mucho a algunos procesos análogos que ocurren en la Tierra, tal como afirma la investigadora. Específicamente, un proceso similar al que opera en ese satélite de Júpiter se aprecia en los patrones de creación de hielo marino en algunas zonas de la Antártida.
Los resultados del nuevo estudio aportan más evidencias de que el océano subglacial de Europa existe, que es activo, y que hay interesantes interacciones entre el océano y la corteza de hielo, todo lo cual refuerza la posibilidad de que pueda haber vida en Europa.
Muchos científicos creen que Europa es uno de los astros de nuestro sistema solar con más probabilidades de tener sitios con las condiciones ambientales que podrían sustentar la vida, una idea reforzada por las mediciones del magnetómetro de la sonda espacial Galileo, que detectó signos de un océano salado global debajo de la gruesa corteza de hielo de esa luna.
Sin la posibilidad de hacer mediciones directas del océano, los científicos tienen que confiar en los datos del magnetómetro y en las observaciones de la superficie helada de Europa para deducir las condiciones oceánicas bajo el hielo.
En astrogeología se llama Terreno Caótico o Terreno Chaos (por la expresión inglesa Chaos Terrain), a terrenos bien delimitados de superficies planetarias, caracterizados por un relieve caótico y por rasgos que denotan el carácter agrietado y quebradizo del terreno.
En la superficie de Europa, uno de los rasgos geológicos más prominentes lo constituyen sus Terrenos Caóticos, que en su caso son regiones de hielo quebrantado. Estos terrenos caóticos de Europa, que se concentran en su región ecuatorial, podrían ser el resultado de la convección en la corteza de hielo, un proceso acelerado por el calor del océano.
En un modelo numérico de la circulación oceánica de Europa, los autores del estudio, de la Universidad de Texas en Austin, del Instituto de Tecnología de Georgia, y del Instituto Max Planck para la investigación del Sistema Solar, las dos primeras instituciones en Estados Unidos y la última en Alemania, encontraron que las corrientes oceánicas cálidas y ascendentes cercanas al ecuador, en combinación con las corrientes frías y descendientes en latitudes cercanas a los polos podrían ser las responsables de la ubicación de los terrenos caóticos y otros rasgos de la superficie de Europa. Este patrón, junto con la turbulencia regional más vigorosa, intensifica la transferencia de calor cerca del ecuador, lo que podría ayudar a iniciar el proceso que conduce a los afloramientos de masas de hielo que crean rasgos tales como los terrenos caóticos.
Los procesos que Krista Soderlund, del Instituto de Geofísica dependiente de la Universidad de Texas en Austin, y sus colegas han estado analizando con modelos digitales de Europa, recuerdan mucho a algunos procesos análogos que ocurren en la Tierra, tal como afirma la investigadora. Específicamente, un proceso similar al que opera en ese satélite de Júpiter se aprecia en los patrones de creación de hielo marino en algunas zonas de la Antártida.
Los resultados del nuevo estudio aportan más evidencias de que el océano subglacial de Europa existe, que es activo, y que hay interesantes interacciones entre el océano y la corteza de hielo, todo lo cual refuerza la posibilidad de que pueda haber vida en Europa.
La genética del reno revela cómo le afectará el cambio climático
El estudio de los factores que han modelado los patrones de variabilidad genética delas especies en el pasado puede tener importantes implicaciones para estimar el impacto que el cambio climático tendrá en la viabilidad futura de sus poblaciones. Esta es una de las principales conclusiones que se deriva de un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre genética de las poblaciones del reno (Rangifer tarandus). Los resultados aparecen publicados en la revista Nature Climate Change.
El reno, también conocido como caribú, se distribuye en las regiones polares y boreales de América y Eurasia. La investigación revela la presencia de dos grandes linajes que divergieron hace unos 300.000 años, uno distribuido por toda Eurasia y en el oeste y norte de América, y otro con una distribución restringida a las regiones polares y boreales del este de América.
“La combinación de datos genéticos y novedosas herramientas de modelado espacial ha permitido reconstruir los patrones de dispersión y colonización de la especie después de la última glaciación y estimar las regiones geográficas que dieron lugar a los linajes actuales. Por otro lado, estas mismas herramientas han ayudado a explicar qué factores determinan la diversidad genética de sus poblaciones”, resalta Joaquín Ortego, investigador del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos(mixto del CSIC, la Universidad de Castilla La Mancha y la Junta de Castilla La‐Mancha).
El estudio, liderado por la Universidad de Laval en Québec (Canadá), ha caracterizado,con distintos marcadores moleculares, más de 1.200 individuos de caribú procedentes de todo su rango de distribución. “Esto ha permitido estudiar en detalle sus patrones espaciales de diversidad y estructura genética, determinar qué factores han modelado esos patrones en el pasado y, lo que es más importante, estimar su situación futura ante el escenario actual de cambio climático global”, explica el investigador del CSIC.
Los datos ponen de manifiesto que las poblaciones localizadas en zonas climáticamente más estables y que han sido más adecuadas para la especie durante largos periodos de tiempo presentan mayores niveles de diversidad genética en la actualidad. Precisamente estas zonas son las que los científicos prevén mayor estabilidad ante distintos escenarios de cambio climático, lo que las convierte en el punto de mira de futuras políticas de conservación encaminadas a la preservación dela especie.
“El caribú no es solo una especie carismática por distintos aspectos culturales, sino que también es de gran relevancia ecológica y económica por su gran impacto en el funcionamiento de los ecosistemas boreales y polares y por su importancia en la dieta y economía de distintos pueblos y comunidades aborígenes”, añade Ortego.
Crean en Japón gafas que 'parpadean' para que descansen los ojos
Una empresa japonesa ha creado
unas
gafas que se empañan automáticamente y así consiguen un efecto de
parpadeo que ayuda al descanso de los ojos de las personas que pasan
largos periodos de tiempo mirando a la pantalla del ordenador.
Con
el
nombre Gafas Parpadeantes (''Wink Glasses'' en inglés) estas
lentes se empañan cada 10 segundos por un periodo de 0.2 segundos,
aunque la frecuencia puede ser ajustada por el usuario,
lo que
consigue aliviar la sequedad en los ojos y descansar la vista,
informa hoy el diario Asahi.
Las gafas,
desarrolladas por la
compañía Masunaga Optical, llevan una batería en la patilla
izquierda que activa el sistema
y permite regular la frecuencia con
la que funciona el aparato.
Las pantallas
de ordenador, los
teléfonos móviles y otros equipos reducen el parpadeo, lo que puede
producir síndrome de ojo seco que se desarrolla cuando el globo
ocular es incapaz de mantener una capa saludable de lágrimas.
El ojo seco se puede presentar en personas que tienen buena salud y resulta más común con la edad.
El primer modelo de estas Gafas Parpadeantes fue desarrollado en 2009, pero la patente resulto "ineficaz", según el diario nipón, debido a que el mecanismo era demasiado complejo y debía calibrarse de acuerdo con las dimensiones de la cabeza del usuario.
Las lentes pesan 33 gramos, lo que las hace ligeramente más pesadas que unas gafas normales (entre 15 y 20 gramos) y cuestan alrededor de los 15 mil 750 yenes (110 euros o 151 dólares).
Hasta el momento, la empresa nipona ha recibido cerca de 50 pedidos de estas lentes desde que empezaron a comercializarse en octubre.
El ojo seco se puede presentar en personas que tienen buena salud y resulta más común con la edad.
El primer modelo de estas Gafas Parpadeantes fue desarrollado en 2009, pero la patente resulto "ineficaz", según el diario nipón, debido a que el mecanismo era demasiado complejo y debía calibrarse de acuerdo con las dimensiones de la cabeza del usuario.
Las lentes pesan 33 gramos, lo que las hace ligeramente más pesadas que unas gafas normales (entre 15 y 20 gramos) y cuestan alrededor de los 15 mil 750 yenes (110 euros o 151 dólares).
Hasta el momento, la empresa nipona ha recibido cerca de 50 pedidos de estas lentes desde que empezaron a comercializarse en octubre.
China lanza su primera sonda con misión a la luna
La sonda lunar china Chang E 3, la primera de este país que tendrá como
misión aterrizar en la superficie del satélite y explorarla, despegó hoy
desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Xinchang, en el centro
de China.
La sonda, que incluye el primer robot de exploración lunar chino, al que se ha llamado "Yutu" o "Conejo de Jade", está impulsada por el cohete "Larga Marcha E3" y se lanzó a la hora prevista, las 1:30 p.m.
China se convierte en el tercer país del mundo, por detrás de Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, que habrá hecho aterrizar en la superficie lunar un artefacto.
La sonda, que alcanzará la superficie selenita a mediados de diciembre si todo sale de acuerdo con lo previsto, incorpora un robot de exploración de la superficie lunar, al que se ha dado el nombre de "Yutu", o "Conejo de Jade".
En principio está previsto que la sonda descienda sobre el cráter conocido como Bahía de los Arcoiris lunar, una zona elegida especialmente por sus condiciones llanas y que recorrerá "Yutu" para llevar a cabo pruebas geológicas durante tres meses.
Con un peso de 140 kilos, "Yutu" puede desplazarse a 200 metros por hora y está equipado, entre otras cosas, por cuatro cámaras y dos brazos móviles que pueden extraer muestras del suelo lunar.
La sonda, que incluye el primer robot de exploración lunar chino, al que se ha llamado "Yutu" o "Conejo de Jade", está impulsada por el cohete "Larga Marcha E3" y se lanzó a la hora prevista, las 1:30 p.m.
China se convierte en el tercer país del mundo, por detrás de Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, que habrá hecho aterrizar en la superficie lunar un artefacto.
La sonda, que alcanzará la superficie selenita a mediados de diciembre si todo sale de acuerdo con lo previsto, incorpora un robot de exploración de la superficie lunar, al que se ha dado el nombre de "Yutu", o "Conejo de Jade".
En principio está previsto que la sonda descienda sobre el cráter conocido como Bahía de los Arcoiris lunar, una zona elegida especialmente por sus condiciones llanas y que recorrerá "Yutu" para llevar a cabo pruebas geológicas durante tres meses.
Con un peso de 140 kilos, "Yutu" puede desplazarse a 200 metros por hora y está equipado, entre otras cosas, por cuatro cámaras y dos brazos móviles que pueden extraer muestras del suelo lunar.
Nuestros primeros padres no eran medusas, pero se les parecían mucho
Los orígenes de nuestra estirpe, los primeros animales que nadaron
por los océanos precámbricos hace unos 600 millones de años, han dejado
de ser un misterio. No son las esponjas, como los evolucionistas habían
supuesto, sino un grupo tan marginal y poco reseñable que ni siquiera
tiene un nombre común en español. Tenemos que llamarlos ctenóforos, como
hacen los especialistas. Son superficialmente parecidos a medusas, con
un cuerpo de consistencia gelatinosa y simetría radial (como la de una
rueda). La secuenciación de su genoma revela ahora que son un fósil
viviente de nuestros primeros padres, los primeros animales que
evolucionaron desde los organismos unicelulares que les precedieron en
la historia de la vida.
Joseph Ryan y sus colegas del programa de secuencia comparativa y los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) estadounidenses presentan en Science el primer genoma de un ctenóforo, Mnemiopsis lidyi, llamada a veces nuez de mar (sea walnut) y nativa de las costas atlánticas del continente americano. Si sus conclusiones son correctas, los ctenóforos habrán desbancado a las esponjas como pioneros de la vida animal, y la historia de nuestra evolución temprana tiene que sufrir algunos ajustes.
La cuestión más importante tiene que ver con las llamadas capas germinales, uno de los conceptos más importantes de la evolución y el desarrollo. La mayoría de los animales, incluido el que les habla, empezamos nuestro desarrollo como gástrulas, unas esferas huecas con tres capas de células. La capa de fuera (ectodermo) da lugar a la piel y el sistema nervioso; la de dentro (endodermo) genera el sistema digestivo y las vísceras. Y la que está entre ambas (mesodermo) produce el esqueleto y los músculos.
Como el mesodermo no existe en los animales más simples, como las esponjas (poríferos) y las medusas (cnidarios), los naturalistas han supuesto durante más de un siglo que esa capa germinal, y los tipos de células que construyen el músculo, habían evolucionado tardíamente. Pero los ctenóforos sí tienen mesodermo y células musculares. Si son los animales más primitivos —más primitivos que las esponjas y las medusas—, debe inferirse que el mesodermo es una invención evolutiva tan antigua como las otras dos capas germinales. Y que el invento se perdió después en las esponjas y las medusas.
Alternativamente, las células musculares pueden haber evolucionado en los ctenóforos de forma independiente a los demás animales. Cualquiera de las dos posibilidades resulta chocante, pero muchas revelaciones evolutivas de la genómica lo han sido en los últimos años.
Otra conclusión afecta a las neuronas: puesto que las esponjas no tienen estos tipos celulares, pero los ctenóforos sí, hay que concluir de nuevo que los primeros animales tenían neuronas y las esponjas las perdieron después. De nuevo un resultado inesperado, o al menos contrario al sentido común. Pero la genómica se ha abierto camino en la noche de los tiempos.
Joseph Ryan y sus colegas del programa de secuencia comparativa y los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) estadounidenses presentan en Science el primer genoma de un ctenóforo, Mnemiopsis lidyi, llamada a veces nuez de mar (sea walnut) y nativa de las costas atlánticas del continente americano. Si sus conclusiones son correctas, los ctenóforos habrán desbancado a las esponjas como pioneros de la vida animal, y la historia de nuestra evolución temprana tiene que sufrir algunos ajustes.
La cuestión más importante tiene que ver con las llamadas capas germinales, uno de los conceptos más importantes de la evolución y el desarrollo. La mayoría de los animales, incluido el que les habla, empezamos nuestro desarrollo como gástrulas, unas esferas huecas con tres capas de células. La capa de fuera (ectodermo) da lugar a la piel y el sistema nervioso; la de dentro (endodermo) genera el sistema digestivo y las vísceras. Y la que está entre ambas (mesodermo) produce el esqueleto y los músculos.
Como el mesodermo no existe en los animales más simples, como las esponjas (poríferos) y las medusas (cnidarios), los naturalistas han supuesto durante más de un siglo que esa capa germinal, y los tipos de células que construyen el músculo, habían evolucionado tardíamente. Pero los ctenóforos sí tienen mesodermo y células musculares. Si son los animales más primitivos —más primitivos que las esponjas y las medusas—, debe inferirse que el mesodermo es una invención evolutiva tan antigua como las otras dos capas germinales. Y que el invento se perdió después en las esponjas y las medusas.
Alternativamente, las células musculares pueden haber evolucionado en los ctenóforos de forma independiente a los demás animales. Cualquiera de las dos posibilidades resulta chocante, pero muchas revelaciones evolutivas de la genómica lo han sido en los últimos años.
Otra conclusión afecta a las neuronas: puesto que las esponjas no tienen estos tipos celulares, pero los ctenóforos sí, hay que concluir de nuevo que los primeros animales tenían neuronas y las esponjas las perdieron después. De nuevo un resultado inesperado, o al menos contrario al sentido común. Pero la genómica se ha abierto camino en la noche de los tiempos.
Un nuevo método para limpiar los vertidos de petróleo
Los vertidos de petróleo en el mar suponen un problema ambiental muy
importante. Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de
Massachusetts ha desarrollado un método paraseparar el agua del aceite
empleando imanes. Esta técnica permitiría que el petróleo fuera después
reutilizado, de forma que se compensarían los costes de la limpieza.
El método propuesto consiste en añadir a la mezclananopartículas con hierro para después separar el aceite usando un imán. Los investigadores indican que se trata de una maniobra muy sencilla pero que deberá, sin embargo, realizarse en un buque para que las nanopartículas no contaminen el océano. En otros trabajos se han propuesto métodos similares pero que tenían el inconveniente de que era necesario conocer de antemano la concentración de agua y aceite en la mezcla. La técnica propuesta, al colocar los imanes dentro de la corriente, y no fuera de ella, como en los métodos anteriores, se puede aplicar siempre con buenos resultados, sin importar la concentración de cada componente en la mezcla.
"Aún no se ha tratado lo suficiente el problema de los vertidos de petróleo", opina Ronald Rosensweig, un ex investigador de la empresa Exxon y un pionero en el estudio de ferrofluidos. "Se podría pensar en separar el aceite del agua por centrifugación, pero muchas veces la densidad de ambos fluidos es la misma y esto no es posible. El gancho magnético permitiría hacer una separación más rápida y efectiva".
El método propuesto consiste en añadir a la mezclananopartículas con hierro para después separar el aceite usando un imán. Los investigadores indican que se trata de una maniobra muy sencilla pero que deberá, sin embargo, realizarse en un buque para que las nanopartículas no contaminen el océano. En otros trabajos se han propuesto métodos similares pero que tenían el inconveniente de que era necesario conocer de antemano la concentración de agua y aceite en la mezcla. La técnica propuesta, al colocar los imanes dentro de la corriente, y no fuera de ella, como en los métodos anteriores, se puede aplicar siempre con buenos resultados, sin importar la concentración de cada componente en la mezcla.
"Aún no se ha tratado lo suficiente el problema de los vertidos de petróleo", opina Ronald Rosensweig, un ex investigador de la empresa Exxon y un pionero en el estudio de ferrofluidos. "Se podría pensar en separar el aceite del agua por centrifugación, pero muchas veces la densidad de ambos fluidos es la misma y esto no es posible. El gancho magnético permitiría hacer una separación más rápida y efectiva".
¿Cómo se miden los cambios en el nivel del mar?
Los nuevos datos presentados en el simposio "20 años de progresos en
altimetría radar", que se celebra estos días en Venecia (Italia)
confirman una subida media del nivel del mar de 3 milímetros anuales.
Los científicos atribuyen esta subida al aumento de las temperaturas y
al derretimiento de los glaciares de las montañas y el hielo de los
polos.
El tema del congreso es la altimetría radar, una técnica que permite medir desde el espacio la altura de la superficie de los océanos y de las masas de agua dulce, hielo o tierra en prácticamente cualquier punto del planeta. Para ello, estos altímetros registran la topografía de la superficie a lo largo de la trayectoria terrestre del satélite cronometrando el intervalo entre la transmisión y la recepción de impulsos de radar. Esto permite medir la altura de dicho satélite por encima del agua, la tierra o el hielo.
El simposio se ha celebrado en Venecia, una ciudad para la que precisamente el aumento del nivel de las aguas es de especial importancia. "Las aplicaciones para la observación de la Tierra son herramientas fundamentales para Venecia", ha destacado Giorgio Orsoni, alcalde de dicha ciudad. El seguimiento de la subida del nivel del mar, así como la evolución de la línea de la costa, las corrientes y los hundimientos son esenciales para conocer el futuro de la `ciudad flotante´.
El tema del congreso es la altimetría radar, una técnica que permite medir desde el espacio la altura de la superficie de los océanos y de las masas de agua dulce, hielo o tierra en prácticamente cualquier punto del planeta. Para ello, estos altímetros registran la topografía de la superficie a lo largo de la trayectoria terrestre del satélite cronometrando el intervalo entre la transmisión y la recepción de impulsos de radar. Esto permite medir la altura de dicho satélite por encima del agua, la tierra o el hielo.
El simposio se ha celebrado en Venecia, una ciudad para la que precisamente el aumento del nivel de las aguas es de especial importancia. "Las aplicaciones para la observación de la Tierra son herramientas fundamentales para Venecia", ha destacado Giorgio Orsoni, alcalde de dicha ciudad. El seguimiento de la subida del nivel del mar, así como la evolución de la línea de la costa, las corrientes y los hundimientos son esenciales para conocer el futuro de la `ciudad flotante´.
Un investigador español descubre una nueva especie de crustáceo en California
Investigadores de Sevilla y del Museo de Historia Natural de Canadá
han descubierto una nueva especie de crustáceo marino en la costa de
California, en EE UU, al que han bautizado como Liropus minusculus
por su pequeño tamaño. “Esta nueva especie tiene diferencias con otros
ejemplares de su mismo género en las proyecciones dorsales del cuerpo, y
también en las patas, pinzas y el abdomen”, ha declarado el autor
principal del estudio, José Manuel Guerra García, a la agencia Sinc del Ministerio de Economía.
Los machos de Liropus minusculus tan solo miden unos 3,3 mm y las hembras 2,1 mm. La aparición de este animal por primera vez en Pacífico nororiental permite conocer los patrones biogeográficos del género y entender sus procesos de especiación.
“Especímenes del género Liropus se pueden encontrar tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo. Los estudios taxonómicos en los crustáceos caprélidos son fundamentales para identificarlos correctamente y saber con qué especies estamos trabajando en estudios ecológicos y otros trabajos aplicados de bioindicadores marinos, usos en acuicultura, extracción de compuestos con interés farmacológico, etc.”, subraya Guerra García.
Se estima que solo conocemos entre un 5% y un 10% de las especies que habitan nuestro planeta, por tanto la taxonomía es fundamental para caracterizar la biodiversidad global. El profesor Guerra ha descrito, durante los últimos diez años, ocho géneros y 62 especies nuevas para la ciencia de los crustáceos caprélidos. Es solo un ejemplo de todo lo que queda aún por descubrir.
El científico ha participado además en un artículo publicado recientemente en la revista Helgoland Marine Research que ha detectado la presencia de una especie de crustáceo nativo de Brasil introducida en nuestras costas posiblemente por embarcaciones. “Se trata del Paracaprella pusilla”, comenta Macarena Ros Clemente, responsable del hallazgo y autora principal del estudio.
“En nuestras costas hay dos especies introducidas de caprélidos Caprella scaura y Paracaprella pusilla. Solo la primera puede considerarse invasora, ya que P. pusilla, de momento, es introducida”, apuntan los investigadores.
Para que una especie se considere invasora debe haberse probado que tiene consecuencias, bien económicas o bien sobre el ecosistema, tras su introducción.
“Su entrada en el Mediterráneo está asociada a la de hidrozoos marinos que se pegan en los cascos de las embarcaciones. Vivir sobre estos hidrozoos les aporta muchas ventajas a la hora de encontrar refugio y capturar a sus presas, ya que Paracaprella pusilla es fundamentalmente depredadora y se alimenta de copépodos —crustáceos de tamaño muy pequeño— que quedan atrapados en los hidrozoos”, subrayan los científicos.
Los machos de Liropus minusculus tan solo miden unos 3,3 mm y las hembras 2,1 mm. La aparición de este animal por primera vez en Pacífico nororiental permite conocer los patrones biogeográficos del género y entender sus procesos de especiación.
“Especímenes del género Liropus se pueden encontrar tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo. Los estudios taxonómicos en los crustáceos caprélidos son fundamentales para identificarlos correctamente y saber con qué especies estamos trabajando en estudios ecológicos y otros trabajos aplicados de bioindicadores marinos, usos en acuicultura, extracción de compuestos con interés farmacológico, etc.”, subraya Guerra García.
Se estima que solo conocemos entre un 5% y un 10% de las especies que habitan nuestro planeta, por tanto la taxonomía es fundamental para caracterizar la biodiversidad global. El profesor Guerra ha descrito, durante los últimos diez años, ocho géneros y 62 especies nuevas para la ciencia de los crustáceos caprélidos. Es solo un ejemplo de todo lo que queda aún por descubrir.
El científico ha participado además en un artículo publicado recientemente en la revista Helgoland Marine Research que ha detectado la presencia de una especie de crustáceo nativo de Brasil introducida en nuestras costas posiblemente por embarcaciones. “Se trata del Paracaprella pusilla”, comenta Macarena Ros Clemente, responsable del hallazgo y autora principal del estudio.
“En nuestras costas hay dos especies introducidas de caprélidos Caprella scaura y Paracaprella pusilla. Solo la primera puede considerarse invasora, ya que P. pusilla, de momento, es introducida”, apuntan los investigadores.
Para que una especie se considere invasora debe haberse probado que tiene consecuencias, bien económicas o bien sobre el ecosistema, tras su introducción.
“Su entrada en el Mediterráneo está asociada a la de hidrozoos marinos que se pegan en los cascos de las embarcaciones. Vivir sobre estos hidrozoos les aporta muchas ventajas a la hora de encontrar refugio y capturar a sus presas, ya que Paracaprella pusilla es fundamentalmente depredadora y se alimenta de copépodos —crustáceos de tamaño muy pequeño— que quedan atrapados en los hidrozoos”, subrayan los científicos.
Las bebidas energéticas alteran la función cardíaca
Las denominadas bebidas energéticas –aquellas que suelen combinar la
actividad estimulante de la cafeína y la taurina- alteran la función del
corazón al intensificar la potencia de las contracciones. Esta es la
conclusión a la que han llegado investigadores alemanes de la
Universidad de Bonn en un trabajo que acaban de presentar en la Sociedad
Radiológica de Norteamérica (RSNA en sus siglas en inglés).
Para el estudio, se analizó el impacto que tenía en la función cardíaca el consumo de este producto a corto plazo. Para ello se seleccionaron 18 voluntarios sanos, 15 hombres y 3 mujeres de una edad media de 27 años y medio. Cada uno de ellos se sometió a un estudio de resonancia magnética cardíaca antes y una hora después de beber un envase de bebida energética con taurina (100 miligramos por 100 mililitros) y cafeína (32 mg. por 100 ml.).
Comparadas unas y otras imágenes, el estudio radiológico posterior muestra un “aumento significativo de los picos de tensión y mayores picos de tasas de tensión sistólica (mediciones de la contractilidad) en el ventrículo izquierdo”, el que recibe la sangre rica en oxígeno de los pulmones y la bombea a la aorta, que la reparte por todo el cuerpo. Es decir: mayor potencia en las contracciones del corazón.
¿Qué implicaciones tienen este resultado? “No sabemos exactamente cómo o si este incremento de la contractilidad del corazón tiene algún impacto en las actividades diarias o en el rendimiento deportivo”, explica el radiólogo de la unidad de imagen cardiovascular de la Universidad de Bonn Jonas Dörner, uno de los autores del estudio. En todo caso, a raíz de las conclusiones obtenidas, los investigadores lanzaron la recomendación de evitar el consumo de estas sustancias a menores o personas con problemas cardíacos como arritmias, y plantearon la necesidad de profundizar las investigaciones, no solo para entender cómo se desencadena este mecanismo en la función del corazón, sino para determinar cuánto tiempo duran los efectos de la bebida.
Para el estudio, se analizó el impacto que tenía en la función cardíaca el consumo de este producto a corto plazo. Para ello se seleccionaron 18 voluntarios sanos, 15 hombres y 3 mujeres de una edad media de 27 años y medio. Cada uno de ellos se sometió a un estudio de resonancia magnética cardíaca antes y una hora después de beber un envase de bebida energética con taurina (100 miligramos por 100 mililitros) y cafeína (32 mg. por 100 ml.).
Comparadas unas y otras imágenes, el estudio radiológico posterior muestra un “aumento significativo de los picos de tensión y mayores picos de tasas de tensión sistólica (mediciones de la contractilidad) en el ventrículo izquierdo”, el que recibe la sangre rica en oxígeno de los pulmones y la bombea a la aorta, que la reparte por todo el cuerpo. Es decir: mayor potencia en las contracciones del corazón.
¿Qué implicaciones tienen este resultado? “No sabemos exactamente cómo o si este incremento de la contractilidad del corazón tiene algún impacto en las actividades diarias o en el rendimiento deportivo”, explica el radiólogo de la unidad de imagen cardiovascular de la Universidad de Bonn Jonas Dörner, uno de los autores del estudio. En todo caso, a raíz de las conclusiones obtenidas, los investigadores lanzaron la recomendación de evitar el consumo de estas sustancias a menores o personas con problemas cardíacos como arritmias, y plantearon la necesidad de profundizar las investigaciones, no solo para entender cómo se desencadena este mecanismo en la función del corazón, sino para determinar cuánto tiempo duran los efectos de la bebida.
La terapia genética logra un gran avance en la lucha contra la leucemia
Un avance sin precedentes en la lucha contra la leucemia y otros
cánceres de sangre. Gracias a la terapia genética, investigadores
estadounidenses han conseguido transformar las células sanguíneas de
pacientes en "soldados" que buscan, luchan y destruyen la enfermedad,
según informa AP.
La técnica se ha experimentado en pacientes con un tipo de leucemia determinado y que, tras años de terapia, siguen libres de enfermedad. Hasta el momento, seis grupos de científicos en Estados Unidos han probado este tratamiento en 120 pacientes con cáncer de la sangre o de médula espinal, con "resultados sorprendentes". Los expertos han asegurado que este avance tiene el "potencial de convertirse en el primer tratamiento genético en aprobarse en EE UU y en el resto del mundo". Solo uno está aprobado y es en Europa, que trata una enfermedad rara metabólica, informa la agencia.
El tratamiento consiste en filtrar la sangre de los pacientes de forma que se extraigan millones de glóbulos blancos, los llamados células T, para ser alterados en laboratorio con el fin de que contengan un gen que luche contra el cáncer. Una vez ejecutado, tras tres días, la sangre se repone mediante transfusiones.
La técnica se ha experimentado en pacientes con un tipo de leucemia determinado y que, tras años de terapia, siguen libres de enfermedad. Hasta el momento, seis grupos de científicos en Estados Unidos han probado este tratamiento en 120 pacientes con cáncer de la sangre o de médula espinal, con "resultados sorprendentes". Los expertos han asegurado que este avance tiene el "potencial de convertirse en el primer tratamiento genético en aprobarse en EE UU y en el resto del mundo". Solo uno está aprobado y es en Europa, que trata una enfermedad rara metabólica, informa la agencia.
El tratamiento consiste en filtrar la sangre de los pacientes de forma que se extraigan millones de glóbulos blancos, los llamados células T, para ser alterados en laboratorio con el fin de que contengan un gen que luche contra el cáncer. Una vez ejecutado, tras tres días, la sangre se repone mediante transfusiones.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Dmanisi, cuna de la Humanida
El yacimiento arqueológico de Dmanisi, al sur de Georgia, fue el escenario de un hallazgo sin par: un cráneo perteneciente a un homínido de un millón ochocientos mil años.
El descubrimiento posterior de cinco cráneos aporta nuevos elementos a nuestra historia evolutiva. Según el paleoantropólogo, David Lordkipanidze, director del Museo Nacional de Georgia, los primeros hombres primitivos procedentes de África pertenecían todos a la misma especie.
Las excavaciones fueron realizadas entre 2000 y 2005 a 85 kms de Tiflis, la capital de Georgia. Tras años de investigación, el estudio aporta ahora sus frutos, que la revista Science destaca en portada. Sus atrevidas conclusiones podrían llevar a revisar los libros de texto.
Los cráneos clasificados como Homo Habilis, Homo Rudolfensis y Homo Erectus pertenecerían en realidad a la misma especie y el estudio lo demuestra con métodos de morfometría en 3D.
“Somos muy afortunados porque tenemos ahora mejores pruebas de los primeros humanos. Este esqueleto es el más completo y mejor conservado en el mundo de este período. Esto demuestra que muchas características que antes eran consideradas morfológicas son sólo distintivos individuales. Al observar la diferencia entre estas dos mandíbulas, la primera impresión es que podrían ser dos especies diferentes, pero este cráneo muestra que se trata de una misma población. Dmanisi es el ejemplo más completo jamás encontrado de los primeros seres humanos.”
Las conclusiones de este estudio, que podría cambiar los libros de texto, prometen aportar nuevos elementos sobre la vida de nuestros antepasados.
El descubrimiento posterior de cinco cráneos aporta nuevos elementos a nuestra historia evolutiva. Según el paleoantropólogo, David Lordkipanidze, director del Museo Nacional de Georgia, los primeros hombres primitivos procedentes de África pertenecían todos a la misma especie.
Las excavaciones fueron realizadas entre 2000 y 2005 a 85 kms de Tiflis, la capital de Georgia. Tras años de investigación, el estudio aporta ahora sus frutos, que la revista Science destaca en portada. Sus atrevidas conclusiones podrían llevar a revisar los libros de texto.
Los cráneos clasificados como Homo Habilis, Homo Rudolfensis y Homo Erectus pertenecerían en realidad a la misma especie y el estudio lo demuestra con métodos de morfometría en 3D.
“Somos muy afortunados porque tenemos ahora mejores pruebas de los primeros humanos. Este esqueleto es el más completo y mejor conservado en el mundo de este período. Esto demuestra que muchas características que antes eran consideradas morfológicas son sólo distintivos individuales. Al observar la diferencia entre estas dos mandíbulas, la primera impresión es que podrían ser dos especies diferentes, pero este cráneo muestra que se trata de una misma población. Dmanisi es el ejemplo más completo jamás encontrado de los primeros seres humanos.”
Las conclusiones de este estudio, que podría cambiar los libros de texto, prometen aportar nuevos elementos sobre la vida de nuestros antepasados.
El ADN más antiguo está en Atapuerca
Los fósiles de Atapuerca vuelven a pulverizar las fronteras de la ciencia. Y esta vez de la mano de las más avanzadas técnicas genéticas. Un equipo internacional formado por los paleontólogos de Atapuerca y los máximos expertos mundiales en ADN antiguo, en Alemania, han logrado obtener ADN de un fósil humano del yacimiento de la Sima de Los Huesos, de hace 400.000 años (Pleistoceno Medio), y obtener la secuencia casi completa de sus genes.
Se trata del ADN mitocondrial, un orgánulo de la célula que se hereda solo por vía materna con un único cromosoma. Y ha proporcionado una gran sorpresa a los investigadores porque, al compararlo con los genomas de humanos modernos, neandertales, chimpancés y bononos, han descubierto que los individuos de la sima están emparentados, no con los neandertales, como esperaban por los rasgos que comparten, sino con una oscura población de los montes Altai, en Siberia, de hace unos 40.000 años, los denisovanos, de los que se han encontrado muy pocos fósiles. Tan desconcertante es el resultado que los investigadores plantean cuatro hipótesis para explicar esta relación genética entre poblaciones tan distantes, los humanos de la sima y los denisovanos, un linaje hermanado con los neandertales pero del este eurasiático.
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