viernes, 13 de junio de 2014
Final de curso.
Bueno y esto es todo, después de nueve meses de curso haciendo este blog sobre noticias científicas actuales en nuestra sociedad toca despedirse, que paseis unas buenas vacaciones de verano.
El trabajo en equipo de los chimpancés
Aprenden a sumar e incluso tienen memoria fotográfica, pero para ello
necesitan entrenamiento previo. Sin embargo, entre las extraordinarias
habilidades de los chimpancés, existe una para la cual no es necesario
que se sometan a un proceso de aprendizaje: la cooperación.
Un nuevo estudio sobre el comportamiento de nuestros parientes más cercanos en el reino animal muestra cómo los chimpancés saben de manera instintiva que se trabaja mejor en equipo y cooperando entre sí. Los resultados desvelan claramente que para desarrollar esta facultad no es necesario ningún adiestramiento previo, ya que se da de manera espontánea.
Para comprobarlo, un equipo de investigadores del Centro de Investigación Nacional de Primates Yerkes (Estados Unidos) instaló en su recinto de chimpancés una pequeña valla de metal con unas manivelas que permitían depositar alimentos en una bandeja al tirar de ellas.
En total, 11 chimpancés se acercaron a la valla y participaron en esta prueba, en la cual para obtener la recompensa de comida era necesario que tres de ellos formasen un equipo organizado y coordinado. Lo más llamativo de este experimento es que los investigadores no condicionaron la formación de estos equipos, sino que los propios chimpancés elegían a sus compañeros para coordinarse y cooperar. Los resultados del experimento se acaban de publicar en la revista PeerJ.

«Los chimpancés preferían acercarse a la valla cuando estaban con un pariente o compañero que no era de su mismo rango. Esto demuestra que hay una preferencia social a la hora de elegir los compañeros y que en medio de un entorno social complejo, los chimpancés inician espontáneamente (y mantienen) un elevado nivel de cooperación», explica Malini Suchak, principal líder de la investigación que pertenece al Centro de Investigación de Primates.
De hecho, durante las 94 sesiones que se realizaron durante una hora, los investigadores se llevaron la gran sorpresa de que los tres chimpancés de cada equipo se coordinaban para obtener la comida, de manera que el trío de primates tiraba a la vez de las manivelas y esperaba a que todos los integrantes de su equipo estuviesen listos y preparados para la siguiente sesión.
«La cooperación entre primates ha sido objeto de un importante número de investigaciones debido a las implicaciones evolutivas que tiene este comportamiento para entender las raíces de la conducta humana», explica Suchak.
«La cooperación consiste en tomar una serie de decisiones complejas que implican un conflicto entre compañeros. Cuando varios de ellos están dispuestos, el individuo debe considerar con quién cooperar. Así, si esta persona ha sido un bueno socio en el pasado, se sabe qué se puede esperar de ella a cambio y se conocen los beneficios que se obtienen en vez de trabajar en solitario», explica Suchak.
El equipo de etólogos contabilizó el número de acciones de cooperación que se dieron entre los primates: 3.565. También comprobó que la coordinación entre los chimpancés mejoraba a medida que realizaban más pruebas. Además, descubrieron que ninguno de ellos tiraba de las manivelas si alguien de su equipo no estaba preparado. «Los animales habían aprendido que necesitaban la ayuda de un compañero para tener éxito», concluye el estudio.
Un nuevo estudio sobre el comportamiento de nuestros parientes más cercanos en el reino animal muestra cómo los chimpancés saben de manera instintiva que se trabaja mejor en equipo y cooperando entre sí. Los resultados desvelan claramente que para desarrollar esta facultad no es necesario ningún adiestramiento previo, ya que se da de manera espontánea.
Para comprobarlo, un equipo de investigadores del Centro de Investigación Nacional de Primates Yerkes (Estados Unidos) instaló en su recinto de chimpancés una pequeña valla de metal con unas manivelas que permitían depositar alimentos en una bandeja al tirar de ellas.
En total, 11 chimpancés se acercaron a la valla y participaron en esta prueba, en la cual para obtener la recompensa de comida era necesario que tres de ellos formasen un equipo organizado y coordinado. Lo más llamativo de este experimento es que los investigadores no condicionaron la formación de estos equipos, sino que los propios chimpancés elegían a sus compañeros para coordinarse y cooperar. Los resultados del experimento se acaban de publicar en la revista PeerJ.
«Los chimpancés preferían acercarse a la valla cuando estaban con un pariente o compañero que no era de su mismo rango. Esto demuestra que hay una preferencia social a la hora de elegir los compañeros y que en medio de un entorno social complejo, los chimpancés inician espontáneamente (y mantienen) un elevado nivel de cooperación», explica Malini Suchak, principal líder de la investigación que pertenece al Centro de Investigación de Primates.
De hecho, durante las 94 sesiones que se realizaron durante una hora, los investigadores se llevaron la gran sorpresa de que los tres chimpancés de cada equipo se coordinaban para obtener la comida, de manera que el trío de primates tiraba a la vez de las manivelas y esperaba a que todos los integrantes de su equipo estuviesen listos y preparados para la siguiente sesión.
«La cooperación entre primates ha sido objeto de un importante número de investigaciones debido a las implicaciones evolutivas que tiene este comportamiento para entender las raíces de la conducta humana», explica Suchak.
«La cooperación consiste en tomar una serie de decisiones complejas que implican un conflicto entre compañeros. Cuando varios de ellos están dispuestos, el individuo debe considerar con quién cooperar. Así, si esta persona ha sido un bueno socio en el pasado, se sabe qué se puede esperar de ella a cambio y se conocen los beneficios que se obtienen en vez de trabajar en solitario», explica Suchak.
El equipo de etólogos contabilizó el número de acciones de cooperación que se dieron entre los primates: 3.565. También comprobó que la coordinación entre los chimpancés mejoraba a medida que realizaban más pruebas. Además, descubrieron que ninguno de ellos tiraba de las manivelas si alguien de su equipo no estaba preparado. «Los animales habían aprendido que necesitaban la ayuda de un compañero para tener éxito», concluye el estudio.
Los dinosaurios, ni sangre fría ni caliente
Los animales de sangre fría, como los reptiles, mantienen su temperatura corporal aprovechando el calor del entorno; en los de sangre caliente, como los mamíferos y las aves, es su metabolismo, su propio organismo, el que se encarga de conservar a nivel adecuado esa temperatura. Sobre los dinosaurios se viene debatiendo el asunto desde hace tiempo porque, si se consideraba tradicionalmente que estarían entre los primeros, los animales de sangre fría o ectotermos, desde hace unos años empezó a ganar terreno la teoría, en principio herética, de que serían de sangre caliente, o endotermos. Ahora unos científicos que han estudiado casi 400 animales (unos extintos y otros actuales) concluyen que esa dicotomía ectotermos/endotermos es demasiado simplista y que los dinosaurios estarían a mitad de camino, con un metabolismo intermedio entre la sangre caliente y la sangre fría, como algunos tiburones, atunes, o grandes tortugas marinas, según afirman en la revista Science, en la que presentan sus resultados.
El asunto es importante porque los animales de sangre caliente son más activos, más energéticos, con un crecimiento rápido, frente a los más dependientes de la energía captada del exterior, de los de sangre fría. Los dinosaurios, señalan John M.Grady Unoversidad de Nuevo México en Albuquerque, EE UU) y sus colegas, están más bien entre los mesotermos, animales que pueden aumentar ellos mismos su temperatura corporal, pero no mantenerla siempre al nivel adecuado, explica en Science Michael Balter. La ectotermia, “requiere mucha menos energía del entorno; el animal no se puede alimentar en condiciones de frío y tiene una capacidad limitada de mantener mucha actividad incluso cuando le calienta el Sol”, señala Roger Seymour, zoólogo de la Universidad de Adelaida (Australia), citado por Balter. El enorme tiranosaurio Rex, por ejemplo, necesitaba tales cantidades de alimento para vivir, tanta energía para lograrlo, que como endodermo “probablemente habría muerto de hambre”, señala Grady.
No es tarea fácil determinar qué metabolismo tendrían unos animales que existieron hace millones de años, si regulaban el calor corporal interna o externamente. Y la aportación esencial de Grady y sus colegas es el método que han desarrollado para ello, basado no solo en la tasa de crecimiento anual del animal, que queda reflejado en los huesos y, por tanto, en los fósiles, sino en los patrones de desarrollo corporal a medida que el animal va creciendo desde el nacimiento hasta convertirse en un adulto. La inmensa mayoría de los animales están en la categoría de los energéticos endodermos, de crecimiento rápido y alta tasa de metabolismo, o en la de los ectodermos, con ambos factores bajos. Pero estos científicos han encontrado también un puñado de especies (algunos tiburones, atunes y reptiles como las grandes tortugas marinas) que parecen estar en esa situación intermedia como los dinosaurios, apunta Balter, aunque las tasas de crecimiento de estos varían entre unas especies y otras.
Grady y su equipo conjeturan que la mesotermia habría permitido a los dinosaurios crecer mucho en tamaño con un coste energético comparativamente bajo. Y Robert Eagle, de Caltech (EE UU), apunta que en un planeta más cálido que ahora, tampoco era necesario ser un animal completamente endodermo.
“Los dinosaurios dominaron el flujo de materia y energía en los ecosistemas terrestres durante más de 135 millones de años”, escriben Grady y su equipo en Science. “Por lo tanto, nuestros resultados tienen implicaciones importantes para comprender los antiguos ecosistemas del mesozoico”.
lunes, 9 de junio de 2014
En busca del pintor paleolítico
Los caballos dibujados en las paredes de la gruta de Niaux, en los Pirineos franceses, cerca de Andorra, no guardan, a simple vista, gran relación, con los de la cueva de Ekain, en Gipuzkoa. Los dos yacimientos, separados por una distancia de más de 400 kilómetros, son ejemplos gloriosos del arte paleolítico del triángulo Cantábrico-Pirineos-Perigord, realizado en el arco temporal que abarca del 35000 al 10000 antes de Cristo. Un estudio sobre las pinturas y grabados paleolícos realizado por los profesores de la Universidad de Deusto, Juan María Apellániz, emérito de Prehistoria y Arqueología, e Imanol Amayra, de la Facultad de Psicología, ha determinado, sin embargo, una íntima relación entre ellos. Con una probabilidad alta, la suma de los análisis microscópicos y las fórmulas geométricas han determinados que cuatro figuras de Ekain y una de Niaux fueron realizadas por la misma mano. Otro autor de un caballo de Ekain dibujó uno de los tarpanes (una subespecie equina) de Niaux.
Las coincidencias de autores entre Ekain y Niaux son llamativas por la distancia entre las cuevas, pero no son las únicas que el estudio de los profesores Apellániz y Amayra han encontrado. Entre 70 dibujos y grabados de figuras de caballos (elegidas por ser las más frecuentes en el arte rupestre), seleccionadas al azar entre cerca de 300 catalogadas en la zona, han identificado 10 autores que dibujan figuras y otras tantos que las graban, y cuatro que trabajaban en los dos soportes.
Estudiar la autoría, defiende con energía Apellániz, es la obligación del historiador. Hasta ahora se habían fiado de la intuición y la memoria para hacerlo en el arte paleolítico, pero hace ya dos décadas empezaron a evaluar las limitaciones del análisis visual y a compararlo con los resultados de los estudios matemáticos.
Los experimentos con artistas y estudiantes que durante años realizaron figuras como si fueran pintores de las cavermaspermitieron determinar que lo característico de cada autor se repite. Aparecen las mismas formas en las pinturas o surcos idénticos en los grabados. Y no en toda la figura, sino en partes concretas, en las zonas con curvas más pronunciadas. Al comparar los resultados el ojo humano ve dibujos parecidos y arroja un índice muy bajo de aciertos al tratar de identificar a los autores, pero el análisis matemático sobre la figura, segmentada en 20 ejes, permite determinar la autoría con un grado de acierto muy alto.
El mismo modelo se aplicó sobre pinturas y grabados paleolíticos y reveló un dato sorprendente: la mayoría de los autores prehistóricos eran muy regulares en partes concretas. “Sabemos quien es el autor con un grado de acierto muy alto. Si distintas variables coinciden en varias figuras, la conclusión las hizo el mismo individuo. Tenemos un método en el que nos fiamos de la matemática y la estadística y de los análisis microscópicos para llegar hasta el individuo”.
El estudio ha quedado reflejado en el libro La atribución de la autoría de las figuraciones paleolíticas. Avances metodológicos desde la Prehistoria y la Psicología Cognitiva (Universidad de Deusto), que será presentado el próximo mes de septiembre en Burgos en el Congreso Mundial de Prehistoria.
Apellániz recuerda que la búsqueda de la autoría en la pintura paleolítica ganó interés cuando los avances en la datación de los yacimientos con la tecnología del carbono 14 a finales del siglo XX cuestionaron la asentada teoría de la evolución del arte desde formas sencillas que con el paso del tiempo, miles de años, ganaron en detalles y complejidad. "Las figuras de Chauvet [una cueva del sur de Francia] parecen tardías por sus valores estéticos pero las pruebas de carbono 14 demostraron que no lo eran", explica. "Eran mucho más antiguas de lo que se suponía; la teoría evolutiva no se sostenía".
Apellániz cree que aquellos nómadas que plasmaron pinturas y grabados en las cuevas dejaban ese trabajo en manos de especialistas. “Si fueran personas poco diestras no se explica que repitieran la figura con las mismas proporciones”.
El déficit de un tipo de ARN de control dispara la existencia de tumores
El déficit del llamado ARN no codificante ultraconservado se relaciona con una mayor propensión a formar tumores. El trabajo, que ha dirigido Manel Esteller, del Insituto de investigación Biomédica de Bellvitge, se ha publicado en la revistaMolecular Cell, y tiene varias implicaciones: una más práctica, ya que indica una diana para actuar contra los procesos cancerosos; otra más de fondo, pues añade un factor de control a la expresión de los genes —una especie de regulador de reguladores—, y es una demostración más de que lo que se llamó ADN basura hace 15 años es, en realidad, un material crucial. Por eso ahora los científicos lo denominan ADN oscuro.
Esteller describe así el descubrimiento: “Habíamos encontrado que unas moléculas especiales llamadas ARN ultraconservados dejaban de producirse en los tumores humanos y ello contribuía al crecimiento de los mismos, pero no teníamos ni idea del mecanismo empleado”. Al final, se descubrió que estas moléculas se unían a otras cadenas de ARN, los microARN, que actúan como reguladores de la expresión de los genes. “Si una célula deja de producir el ARN ultraconservado, los microARN se descontrolan y se alteran centenares de genes que deberían mantener el equilibrio celular y se contribuye así a la formación de los tumores humanos”, concluye el investigador.
Para entender bien la importancia del descubrimiento, conviene recordar el proceso básico de la producción de proteínas, las máquinas celulares.Las instrucciones para su síntesis están en el ADN, el genoma. Esas reglas salen del núcleo celular copiadas en cadenas de ARN, que, después, se traducen en las proteínas. Pero el proceso tiene múltiples reguladores. Por ejemplo, el ADN también tiene las instrucciones para formar los microARN, que interfieren en el proceso. Ahora se ha visto que, además, producen otro tipo de cadenas, el ARN ultraconservado, que, a su vez, regula la actuación de los microARN. “Es un regulador de reguladores”, ejemplifica Esteller.
La importancia de este último hallazgo se deduce precisamente de su carácter de “ultraconservado”. Esto quiere decir que se ha mantenido sin casi mutaciones a lo largo de la evolución (es igual en el pollo y en el ser humano, indica el investigador). Y eso señala que tiene un cometido muy específico e importante que no resistiría cambios.
Ante un futuro uso clínico, se adivinan varias utilidades: medir un descenso del ARN ultraconservado puede indicar que va a aparecer un tumor. Si se evita que eso ocurra, la enfermedad podría retrasarse. Todo esto son solo elucubraciones por ahora, pero que habrá que investigar en el continuo esfuerzo de abrir frentes contra el cáncer.
martes, 3 de junio de 2014
Una terapia añade calidad de vida a un tipo de pacientes con cáncer de próstata
Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una nueva
estrategia para combatir el cáncer de próstata metastásico (el que se
denomina resistente a la castración), que podría retrasar el inicio de
la quimioterapia hasta más de dos años, lo que supone una ganancia de
calidad de vida para estos pacientes. El tratamiento, que consiste en
emplear antes de esos agentes neoplásicos un fármaco que se llama
enzalutamide (una potente terapia hormonal) puede prolongar la vida de
las personas que tienen este tipo de tumor resistente alrededor de un
año.
Hasta ahora, los pacientes con cáncer de próstata metastásico que no respondían al tratamiento hormonal, no disponían de alternativas a la quimioterapia. Los resultados de este estudio internacional en fase III, en el que han participado 1.717 pacientes con ese tipo específico de cáncer, muestran que el tratamiento con enzalutamide (fármaco aprobado desde 2012) reduce más de un 80% la progresión de la enfermedad y hasta un 29% el riesgo de muerte, como muestran los datos publicados en la revista New England Journal of Medicine .
El trabajo, en el que ha participado entre otros el Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, se ha presentado estos días en el Congreso Anual de la Sociedad Americana de Oncología (ASCO) y supone un avance en el tratamiento de uno de los tumores más frecuentes, el de próstata, que tiene una incidencia mayor en hombres. En España, donde cada año se diagnostican 25.000 nuevos casos, afecta a 57 de cada 100.000 hombres. Entre un 20% y un 30% de ellos recaerán y acabarán desarrollando metástasis.
En esos casos, el tratamiento habitual es la cirugía y la radioterapia. Estos pacientes suelen desarrollar resistencias a los tratamientos hormonales que buscan disminuir las hormonas masculinas (andrógenos) de las que se alimentan las células cancerosas para crecer. El uso y la potencia de la enzalutamide, sin embargo, sí se ha demostrado útil, porque bloquea esas hormonas en los pacientes que no presentaban síntomas.
“Estamos ante el primer estudio que identifica una estrategia que prolonga la vida de quienes han sido diagnosticados con un cáncer metastásico de próstata”, aseguró Christopher Sweeney, cancerólogo del Instituto Dana-Farber de Boston, que presentó el trabajo en Chicago, donde más de 30.000 médicos, investigadores y representantes del sector se reúnen para hablar de los últimos avances en oncología –un congreso al que este diario acude invitado por Boehringer Ingelheim--. Para éste experto, los resultados del estudio suponen que la práctica clínica en este tipo de pacientes debería cambiar, ya que supone una opción al inicio de la ‘quimio’. La investigación, dice, supone un paso adelante. Uno de los pocos en los últimos 50 años en los pacientes con este tipo de tumor.
Hasta ahora, los pacientes con cáncer de próstata metastásico que no respondían al tratamiento hormonal, no disponían de alternativas a la quimioterapia. Los resultados de este estudio internacional en fase III, en el que han participado 1.717 pacientes con ese tipo específico de cáncer, muestran que el tratamiento con enzalutamide (fármaco aprobado desde 2012) reduce más de un 80% la progresión de la enfermedad y hasta un 29% el riesgo de muerte, como muestran los datos publicados en la revista New England Journal of Medicine .
El trabajo, en el que ha participado entre otros el Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, se ha presentado estos días en el Congreso Anual de la Sociedad Americana de Oncología (ASCO) y supone un avance en el tratamiento de uno de los tumores más frecuentes, el de próstata, que tiene una incidencia mayor en hombres. En España, donde cada año se diagnostican 25.000 nuevos casos, afecta a 57 de cada 100.000 hombres. Entre un 20% y un 30% de ellos recaerán y acabarán desarrollando metástasis.
En esos casos, el tratamiento habitual es la cirugía y la radioterapia. Estos pacientes suelen desarrollar resistencias a los tratamientos hormonales que buscan disminuir las hormonas masculinas (andrógenos) de las que se alimentan las células cancerosas para crecer. El uso y la potencia de la enzalutamide, sin embargo, sí se ha demostrado útil, porque bloquea esas hormonas en los pacientes que no presentaban síntomas.
“Estamos ante el primer estudio que identifica una estrategia que prolonga la vida de quienes han sido diagnosticados con un cáncer metastásico de próstata”, aseguró Christopher Sweeney, cancerólogo del Instituto Dana-Farber de Boston, que presentó el trabajo en Chicago, donde más de 30.000 médicos, investigadores y representantes del sector se reúnen para hablar de los últimos avances en oncología –un congreso al que este diario acude invitado por Boehringer Ingelheim--. Para éste experto, los resultados del estudio suponen que la práctica clínica en este tipo de pacientes debería cambiar, ya que supone una opción al inicio de la ‘quimio’. La investigación, dice, supone un paso adelante. Uno de los pocos en los últimos 50 años en los pacientes con este tipo de tumor.
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