martes, 18 de febrero de 2014

No es una estrella, es el satélite Gaia en el espacio profundo

               
                                 Dos imágenes del satélite Gaia captadas por el telescopio VLT.
 Camuflado entre un sinfín de estrellas, el diminuto punto blanco marcado en rojo en estas dos imágenes es el satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea, visto desde el Telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral en Chile.
Gaia se lanzó el 19 de diciembre de 2013 desde el Puerto Espacial de la ESA en la Guayana Francesa, y actualmente se encuentra a 1.5 millones de kilómetros de nuestro planeta, en órbita a un punto virtual del espacio conocido como L2. Desde este puesto de observación privilegiado, Gaia escaneará de forma continua el firmamento durante cinco años para cartografiar mil millones de estrellas en la Vía Láctea.
Según informa la ESA en un comunicado, las observaciones de Gaia permitirán elaborar un mapa de la posición y el desplazamiento tridimensional de las estrellas con una precisión sin precedentes, lo que nos ayudará a comprender mejor el origen y la evolución de nuestra Galaxia.
Pero para ello, Gaia necesita determinar la ubicación de las estrellas con un grado de precisión extraordinario - el equivalente al que sería necesario para detectar desde la Tierra una moneda de Euro posada sobre la superficie de la Luna. Sin embargo, para que esto funcione también hace falta conocer con precisión la posición del satélite en el Sistema Solar.
Afortunadamente es posible - aunque no fácil - observar a Gaia con un telescopio desde la superficie de la Tierra, ya que su gran parasol y las estructuras como los paneles solares o la antena reflejan luz difusa. A esta gran distancia, el brillo de Gaia es un millón de veces más débil que el límite observable por el ojo humano.
Una red de pequeños y medianos telescopios está monitorizando a Gaia a diario para determinar su posición en el firmamento. Estos datos se envían al Centro de Operaciones Espaciales de la ESA para reconstruir la órbita del satélite, lo que permite determinar su posición con una precisión de 150 metros, y su desplazamiento con un margen de 2.5 mm/s.

El paso de un asteroide que 'rozará' la Tierra, en directo por internet

Un asteroide de un tamaño estimado similar al de tres campos de fútbol 'rozará' la Tierra la madrugada de este martes 18 de febrero -a las tres de la mañana hora peninsular (2.00 GMT). El paso de este cuerpo celeste ocurrirá con casi un año de diferencia con el que cayó en Rusia el 15 de febrero de 2013, hiriendo a más de 1.200 personas.
No obstante, el asteroide 2000 EM26, como ha sido bautizado, pasará a una distancia cercana en términos astronómicos, pero la menor separación que tendrá con el planeta Tierra será de 8,8 veces la distancia que nos separa de la Luna. Aún así, los expertos lo incluyen dentro de la categoría de asteroides potencialmente peligrosos.
A pesar de la velocidad de 43.000 kilómetros hora a la que atravesará el cielo sobre las tres de la madrugada del martes (hora peninsular), las cámaras de Slooh planean grabar su paso y ofrecerlo en abierto a todo aquel que desee verlo, según anuncia la propia página web. La retransmisión del paso del asteroide 2000 EM26 será posible gracias a los telescopios terrestres a los que tiene acceso la comunidad de observadores del espacio. De hecho, el más representativo es el del Teide, en las Islas Canarias, al que tiene acceso gracias a un acuerdo de colaboración con el Instituto Astrofísico de Canarias, según Slooh.
            
                                  Recreación de un asteroide acercándose a la Tierra.
"Seguimos descubriendo este tipo de asteroides potencialmente peligrosos, algunas veces apenas unos días antes de que llegue al punto más cercano a la Tierra", asegura Paul Coz, director técnico y científico de Slooh. "Necesitamos encontrarlos antes de que ellos nos encuentren a nosotros", dice Coz en el comunicado.

jueves, 6 de febrero de 2014

La UE afronta el reto de hallar una vacuna para la leishmania

De enfermedad olvidada a protagonista de un importante esfuerzo europeo: los seis millones que la Comisión Europea va a dedicar para encontrar una vacuna para la leishmaniasis visceral, una enfermedad causada por un protozoo que es transmitido por la picadura de un insecto, el flebotomo (una especie de mosquito). Los afectados ven cómo el microorganismo se asienta en su hígado y su bazo y lo destruye. Tienen anemia, se debilitan y sus defensas caen. Aunque hay tratamientos, son muy dolorosos y complicados, y exigen estar ingresado tres semanas, algo que en muchos de los países endémicos es toda una proeza, explica Agustín Benito, coordinador de la Red de Investigación Cooperativa de Enfermedades Tropicales (Ricet) y director del Instituto Nacional de Enfermedades Tropicales. “Y no es solo el tratamiento. En el campo en países pobres imagine lo que es que una persona no pueda trabajar durante ese tiempo”, añade.
La leishmaniasis es una enfermedad tan olvidada que ni los propios expertos se ponen de acuerdo en su incidencia. Javier Moreno, coordinador científico del proyecto para conseguir la vacuna, la define como la enfermedad de los “pobres entre los pobres”, porque mientras en una persona sana, bien alimentada, lo normal es que tenga una variante cutánea menos peligrosa, son los más desfavorecidos quienes están en más riesgo de sufrir la enfermedad.
La ONG Iniciativa para el Desarrollo de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi por sus siglas en inglés), que está buscando alternativas para el tratamiento menos complicadas y con menos efectos adversos, calcula que al año mueren unas 40.000 personas por la variante visceral de esta enfermedad (hay otra variante, la cutánea, menos grave), y que unos dos millones de personas la contraen al año. Hasta 350 millones de personas viven en zonas de riesgo, sobre todo India, Bangladesh, Sudán, Etiopía, Kenia y Latinoamérica.

Pero no es una enfermedad solo de países pobres, El cambio climático (y las mascotas sin tratar) hacen que haya un aumento en los países europeos de la cuenca mediterránea, señala el Instituto de Salud Carlos III. En Occidente el principal foco son los animales caseros, mientras que en los países pobres lo es el ganado o los animales salvajes. Benito calcula que cada año se dan unos 400 casos en España. “En los ochenta, con el sida y la debilitación del sistema inmune de los afectados, hubo un boom; ahora ya eso no se da”, afirma. Moreno, calcula que ahora en España se dan unos 200 casos al año.
Conseguir una vacuna para las enfermedades parasitarias es “muy complejo”, admite Moreno. Ambos investigadores tienen muy presente el caso de la malaria, causado por otro microorganismo, el plasmodio. “Aunque en este caso el ciclo del protozoo es más sencillo”, apunta Moreno.
El proyecto tiene una primera fase preclínica, que en cinco años se espera que llegue a un ensayo de seguridad ya en personas. En medicina todos los trabajos implican plazos largos, y solo en esta primera fase se calcula que se emplearán cinco años. “Pero partimos de antígenos ya probados”, indica Benito. Esto quiere decir que ya hay preparados que se ha visto en laboratorio que procede una respuesta inmunitaria contra proteínas del protozoo. “La primera fase va a ser juntarlos todos. Tenemos hasta cinco”, explica el investigador principal del trabajo. La idea es reunirlos todos en un virosoma (una especie de virus artificial que tendrá todas las proteínas ya ensayadas) para conseguir una respuesta inmune combinada. “Por decirlo sencillamente, así parece que los antígenos captan mejor la atención del sistema inmune”, indica el coordinador científico del proyecto.
El hecho de que ya se haya probado cada parte por separado les hace ser optimistas. Además, al igual que en el prototipo de la vacuna de la malaria, se van a usar coadyuvantes, sustancias que se añaden para que la respuesta inmunológica sea más potente.

                            

Creados los primeros monos transgénicos ‘a medida’

Los animales transgénicos son el modelo ideal para estudiar enfermedades debidas a mutaciones del ADN. Pero las técnicas existentes tenían un problema: se basaban en producir muchos cambios en el genoma y luego seleccionar los ejemplares adecuados. Este método puede servir en ratones, que se reproducen mucho (por ello hay mucha variedad en cada camada y se puede elegir) y maduran pronto, lo que permite una investigación exhaustiva. Pero en simios, con camadas muy pequeñas y largos tiempos de crianza, eso no era posible. Algo que puede empezar a cambiar después del trabajo que ha publicado en Cell el equipo del chino Jiahao Sha, de la Universidad de Nanjing.
El trabajo se basa en la aplicación de la llamada tecnología CRISPR/Cas9, que básicamente consiste en utilizar unas bacterias para que hagan de tijeras genéticas que sirvan para introducir los genes que se quieren investigar, con la peculiaridad de que se puede dirigir exactamente dónde va a producirse la mutación. Con ello se evita generar animales inviables (que si bien en los roedores no es algo muy grave desde el punto de vista de la investigación, en monos con gestaciones largas es un obstáculo) y, además, se consiguen ejemplares que se parecen lo más posible a lo que sucede en la naturaleza.
El único requisito es que el proceso de modificación debe hacerse justo después de la fecundación, cuando el futuro macaco es solo un embrión de una célula. De esta manera se asegura que todo el organismo lleva la mutación. Ya han nacido dos animales después de aplicarle esta técnica.
El trabajo permitirá contar con modelos animales en simios de enfermedades hasta ahora difíciles de investigar, como las degenerativas. Además permitirá contar con ejemplares lo más parecido a los humanos posible, con lo que se espera que se reduzcan los fracasos que se producen actualmente, cuando en muchas investigaciones hay que pasar de resultados en roedores a humanos, donde la mayoría de los trabajos fracasan.
Pero esta aparente ventaja ya ha contado con las críticas de grupos ecologistas, que creen que con ella se volverá a necesitar más simios para investigar. Y el rechazo al uso de los animales en ensayos aumenta a medida que estos son más próximos genética y evolutivamente a los humanos.
                    
                              
 

Células adultas se transforman en células madre aplicando ácido

                                 
                                     http://ep01.epimg.net/sociedad/imagenes/2014/01/29/actualidad/1390999531_531335_1390999628_noticia_normal.jpg
La carrera para conseguir células madre lo más parecidas a las embrionarias cuenta con un nuevo competidor: las que se obtienen estresando células adultas. Esto, en la práctica, quiere decir, básicamente, sumergiéndolas en un baño de ácido. Lo publica Nature.
Hasta ahora, para conseguir células madre había, de una manera general, dos posibilidades: obtenerlas de embriones (destruyéndolos o no) o reprogramando células adultas. Para ello había que añadirles una serie de factores. Así se conseguían las llamadas iPS (células madre pluripotenciales inducidas), que no eran tan maleables como las embrionarias, pero casi. La nueva aportación va en la misma línea (se parte de células adultas) pero por un método en apariencia más sencillo y con un resultado más próximo a las células totipotenciales, las que pueden transformarse en cualquier tejido y no solo en unos cuantos. Las ha desarrollado un equipo del RIKEN Center for Developmental Biology ide Kobe (Japón).
La aproximación es tan novedosa que la autora principal, Haruko Obokata, necesitó cinco años para convencer a sus jefes y a una revista para que lo publicaran. Tuvo que grabar la transformación de un tipo de célula de la que no hay duda acerca de que se trata de una muy especializada, un linfocito T, para convencerles. Ya lo ha conseguido partiendo de cerebro, piel, pulmón e hígado. A las nuevas céluals las ha bautizado como STAP, siglas en inglés de stimulus-triggered acquisition of pluripotency (adquisición de pluripotencia por estumulación). Luego, las ha introducido en ratones añadiéndoles genes fluorescentes para confirmar que se diferencian en los distintos tejidos de un ser vivo.
El también japonés Shinya Yamanaka, que fue el primero en conseguir células iPS, ha dado la bienvenida al artículo: “Los trabajos son importantes para entender la reprogramación celular. Desde un punto de vista de cara a una aplicación médica, es un nuevo método de conseguir células del tipo de las iPS”.